Recuerda Cátulo
esos anales de Volusio
condenados a las llamas
batea de fuego
altares de Venus y Cupido
papeles de mierda
inmundos asimétricos
sacrificados
Cátulo,
que han puesto
tus cuernos más grandes.
Recuerda que abdicaste de tus yambos hirientes
escritos con mierda métrica al fin
por reconciliarte en carne con Lesbia
caprichos de la amada
que ha hecho tales votos de la quema
en infernal madera ardiente
lo mejor de Volusio
si regresaras,
recuerda
te pide detener tus derivas feroces
ausentes de levedad y delicadeza
por condición,
una promesa se respeta lo sabes
de modo que vuelves
una y otra vez tu ira sobre Volusio
el desprecio sin misericordia
sus escritos
que tanto dolor te causan
al fin no tan malos aunque irreverentes
quién sabe
aunque a la amada no guste
y te obligue la niña
dejar los tuyos por innobles
al olvido
condenados del mismo modo
como en todos los tiempos
a la hoguera eterna de la envidia.
Y qué
-pregunto de tus yambos salvajes-,
dónde están ahora
tus papiros de mierda
desaparecidos
también huidos de la belleza
a que has renunciado
suplicante la muchacha,
donde arderán juntos
los desechos mejores de Volusio y los tuyos.
Mas no serán purificados aunque lo creas,
anónimas cenizas
serán remolinos en la noche ardiente
destruidos,
noche del espíritu
y la risa de Lesbia
que pervierte los sentimientos
con caricias insaciables.
Mírate Cátulo
lo que te ha hecho esa mujer,
dónde has caído de goces adúlteros
dejado por escrito
el ardor de tus venas nada leves
en qué te conviertes,
doblas rodillas y cuernos, renuncias,
aceptas que son yambos
de simple excremento cultísimo
sin decirlo
disparados a la historia
el quemadero del olvido
a pesar de tu oráculo nefasto
boñigas mezcladas
con las de Volusio
quien no te ha dedicado nada
y nada sabemos
pues méritos tuvo su nombre
allá de la agria crítica
de poeta malversado
en tu boca sobrevivido
sojuzgado insuficiente a tu aire.
Jamás conoceremos a Volusio
ni leeremos cuanto tiene que decir
qué cosa
rústicos hechos
polvo del pasado
ambos papeles y yambos
que nunca veremos
destino de chispas breves sin que Venus tome partido
donde todo arderá,
no serás justificado Cátulo por leve,
delicado y breve,
el fuego no siempre purifica,
las travesuras de Lesbia son juegos vacuos
ni le importa demasiado todo el asunto
esta noche ni ninguna otra vuestras cacatas cartas
en sus tormentas de amor desenfrenado.
Recuerda Cátulo todo esto.
Heme aquí pues
a través de los siglos
lateral, espeso y pastoso con mis anales de mierda
nada breves
como Volusio
sin formas cuidadas
cacata carta ésta
por ejemplo
-sin arte por tu parecer
como Volusio-
heme aquí,
yo mismo,
Cátulo.
esos anales de Volusio
condenados a las llamas
batea de fuego
altares de Venus y Cupido
papeles de mierda
inmundos asimétricos
sacrificados
Cátulo,
que han puesto
tus cuernos más grandes.
Recuerda que abdicaste de tus yambos hirientes
escritos con mierda métrica al fin
por reconciliarte en carne con Lesbia
caprichos de la amada
que ha hecho tales votos de la quema
en infernal madera ardiente
lo mejor de Volusio
si regresaras,
recuerda
te pide detener tus derivas feroces
ausentes de levedad y delicadeza
por condición,
una promesa se respeta lo sabes
de modo que vuelves
una y otra vez tu ira sobre Volusio
el desprecio sin misericordia
sus escritos
que tanto dolor te causan
al fin no tan malos aunque irreverentes
quién sabe
aunque a la amada no guste
y te obligue la niña
dejar los tuyos por innobles
al olvido
condenados del mismo modo
como en todos los tiempos
a la hoguera eterna de la envidia.
Y qué
-pregunto de tus yambos salvajes-,
dónde están ahora
tus papiros de mierda
desaparecidos
también huidos de la belleza
a que has renunciado
suplicante la muchacha,
donde arderán juntos
los desechos mejores de Volusio y los tuyos.
Mas no serán purificados aunque lo creas,
anónimas cenizas
serán remolinos en la noche ardiente
destruidos,
noche del espíritu
y la risa de Lesbia
que pervierte los sentimientos
con caricias insaciables.
Mírate Cátulo
lo que te ha hecho esa mujer,
dónde has caído de goces adúlteros
dejado por escrito
el ardor de tus venas nada leves
en qué te conviertes,
doblas rodillas y cuernos, renuncias,
aceptas que son yambos
de simple excremento cultísimo
sin decirlo
disparados a la historia
el quemadero del olvido
a pesar de tu oráculo nefasto
boñigas mezcladas
con las de Volusio
quien no te ha dedicado nada
y nada sabemos
pues méritos tuvo su nombre
allá de la agria crítica
de poeta malversado
en tu boca sobrevivido
sojuzgado insuficiente a tu aire.
Jamás conoceremos a Volusio
ni leeremos cuanto tiene que decir
qué cosa
rústicos hechos
polvo del pasado
ambos papeles y yambos
que nunca veremos
destino de chispas breves sin que Venus tome partido
donde todo arderá,
no serás justificado Cátulo por leve,
delicado y breve,
el fuego no siempre purifica,
las travesuras de Lesbia son juegos vacuos
ni le importa demasiado todo el asunto
esta noche ni ninguna otra vuestras cacatas cartas
en sus tormentas de amor desenfrenado.
Recuerda Cátulo todo esto.
Heme aquí pues
a través de los siglos
lateral, espeso y pastoso con mis anales de mierda
nada breves
como Volusio
sin formas cuidadas
cacata carta ésta
por ejemplo
-sin arte por tu parecer
como Volusio-
heme aquí,
yo mismo,
Cátulo.
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