sábado, 18 de octubre de 2014

ESTOY LOCO

Pisoteo esta tierra que me sostiene,
esta cosa que deambula el universo, atada,
girando y mirando siempre a su dios
que le devuelve el fuego de su luz,
esa mirada extrema
de un señor quieto que la quiere pero la amenaza,
extraña esclavitud de tiempo y espacio,  
esta bola de billar desgastada de libertad y yo en ella
mirando con pavor el universo
mirando con asombro la noche inagotable
mirando con vehemencia  mi nada.
Es cierto, estoy loco.
Pero he visto a otros más cuerdos que yo y no los envidio.
No sé qué les ha abierto sus cerebros y su imaginación
y han volado como moscas de los cuerpos de los muertos
han volado como discursos huecos, ceniceros sin cenizas
sólo el aroma rancio de alguna que otra buena palabra
que se ha ido sin ninguna intención.
Hay menos chalecos de fuerza que gente apropiadas en ellos
esos peligrosos sin amor como simples máquinas,
gruesos errores genéticos con disfraces que hasta parecen convincentes;
hay más gente en chalecos de fuerza sin causa alguna
inocentes por falta de defensa, incontinentes,
y eso se llama poder:
¡malditos imbéciles! abusarse de los pobres.
Soy yo el que está loco y lo digo.
Ellos ni siquiera lo saben.
Ni lo saben los mismos horrorosos escritores
con ropa de marca inglesa y sangre bastarda.
Ni lo sabe el mercadeo que los eleva hacia algún Olimpo
donde dicen que lo que dicen es más alto que el Aconcagua
o que el Everest o el Himalaya
y ellos los muy necios borricos se lo creen a total satisfacción
como deslizándose en el carro del sol robado a Apolo,
a beber de la ambrosía, mortales que no pisotean la tierra
y despiertan con el regusto que apesta cada mañana
y me pregunto revuelto en mi vómito cerebral,
qué es ese charquito de palabras que han dejado
como malas huellas en un piso recién lavado,
porqué sólo veo gotitas de agua salada atacando mi ya envejecida sed
de algo que realmente no atente contra el silencio de mi alma.
Estoy loco y estoy perdiendo el juego.
De eso se trata: de vivir.
Nadie debería pagar el precio de la desgracia.
Pisoteo la tierra que me sostiene, es más,
salto y salto hasta cansarme
hasta que se me salen los pulmones
y goteo un sudor básico y ancestral.
La Internacional y El Mesías de Haendel
son buenas cosas para el alma.
Uno no debería morirse así
un día cualquiera
en esta casa de locos sin desesperarse
sin  tener un minuto de silencio
por lo único, sagrado e irrepetible
que es una sencilla vida.
He perdido todas las revoluciones planeadas.
Todavía cargo un par para que estallen a mi salida.
Todavía cargo un par de largas puteadas de amor.
Las he mantenido como gusanos dando vuelta en el cerebro,
oxigenando lo que queda del futuro.
Cada día resucito de mi cama como un pequeño dios
que es decir como un simple hombre,
cada día arguyo y pataleo epifanías con desespero.
Me quieren ahuyentar de mi evangelio , prevenir a los incautos,
y es por eso que pisoteo esta tierra que me sostiene,
salto y salto sobre ella, llena de sangre sin justicia
llena de voces que esperan su alarido desesperado
nudos que esperan ser atados
perdones que esperan ser desatados
ojos que quieren cerrarse y descansar en paz.
Pero sólo hay cerrojos.
Muros donde se encierran a los silenciosos
o al menos eso creen los muy tontos.
Es cierto: estoy loco.
Me voy calle abajo con mis flores hacia el río grande como mar,
me voy despidiendo.
Es cierto: el corazón me duele.
Voy pisoteando esta tierra que me sostiene agarrado de mi cruz.
Soy carne de amor.
Estoy loco.

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martes, 30 de septiembre de 2014

COMO IGUALES

Desmesurados
todos mis amores
sobre el lecho de Procusto
desamparados
crepitan como animales
profundamente mojan sus tierras
semeia que pare horizontes
en la boca de la noche para que hable
esos nombres maravillosos
que vendrán por nosotros
a impartir justicia mismamente
en el abismo cálido del corazón
como iguales.

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martes, 16 de septiembre de 2014

TODOS LOS DÍAS REZO UNA ORACIÓN

Todos los días rezo una oración
y después pregunto por ignorante estas cosas
que me salen de algún lado de la cabeza
de tanto que dan vueltas y vueltas.
Todos los días están ahí,
justo después que rezo una oración
y salen a borbotones como malos amigos
porque el mundo ya está instalado
quién sabe cuánto tiempo hace
pero la pregunta acerca de la realidad
como cosa que me acerque a alguna orilla
que de veras valga la pena
y  pueda poner los piecitos en el agua
y dejar salir un suspiro de gusto
porque está tibia justo como uno quiere
y decir con total seguridad que eso es cierto
de todos modos y maneras,
que es verdad y sin ninguna pero ninguna duda
que es la realidad mismamente:
pero me siguen faltando a la cita todos y cada uno de los días.
Tengo estos tajos, atajos,
estas vistas parciales, estas dudas perennes
como las nieves del Kilimanjaro.
Después viene el tiempo,
el tiempo en mi cara y en mi cuerpo
y en todos los cuerpos
inclusive los que ya son huesos,
el tiempo y la eternidad
mirando esta piedra como un ojito
o aquella estrella chiquitita y minusválida
que cuando las enfrento ni modo,
me parte la cabeza toda esa oscuridad inmensa y honda
llena de cosas que nunca podré ver
oír, sentir, por pequeñas o grandes,
sólo conformarme con mirar para arriba como un estúpido
 esa fugacidad que me come el tiempo
y me muestra la eternidad.
Y a continuación se me viene una larga fila
ya incontenible de cosas tales como
la justicia, la verdad, el amor
y se vuelve interminable todas esas palabras
que le siguen en el orden que quieras
que están en hilera tranquilamente esperando
ser  desfloradas, descifradas, amadas,
descargar su contenido, dignificarse,
como los pobres sin comida  quién sabe desde cuándo
y ya no tengan que rogar, ni humillarse, ni morirse,
así,
agotado y vencido
así,
me dejan como cenizas de cigarro mal apagado y tirado
barriéndome un simple soplo por insignificante
y mi voz que no se oye más que a unos pocos metros
con mucha suerte si hay silencio.
Por eso todos los días rezo una oración
por si eso hace una diferencia en el corazón
que es el lugar donde uno debiera fiarse
para encontrar de vez en cuando alguna respuesta
que abre otro manojo de preguntas
y es un cuento de nunca acabar.
No tengo mucho tiempo para otra cosa
salvo el momento cotidiano en que parezco un hombre.
Todos los días rezo una oración
y espero
todos los días rezo una oración
y escucho
todos los días rezo una oración
y veo.
Todos los días rezo una oración.


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sábado, 6 de septiembre de 2014

¿USTED NO SE ENAMORARÍA?

Yo era un tipo que de chico hablaba en la misa
por eso no escucho bien los sermones homiléticos,
Yo era un tipo que de chico hablaba en casa
por eso hoy sigo hablando y el resultado es el mismo,
nadie escucha, todos oyen.
Yo era un tipo que de chico criticaba la escuela
por eso siempre tuve problemas y nunca soluciones.
Yo era un tipo que de nervios me comía las uñas
por eso y debido a que fue proporcional a la vida
uso brazos ortopédicos.
Yo era un tipo que de chico me gustaban las niñas
pero eso ahora huyo de esas viejas.
Yo era un tipo que de chico me gustaban las fotos
por eso ahora, viendo el resultado evito el ridículo.
El tiempo se me pasó hablando
con el perro y el cartero cuando era frecuente cada día
y es cosa del pasado que es historia,
la vecina de al lado que no había caso,
no quería y no quería darme un besito,
yo era ese tipo.
Ahora soy este.
De aquél tiene estas referencias
y de este no sabe nada aunque le parezca
y ante tal misterio dígame la verdad
¿usted no se enamoraría?

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sábado, 30 de agosto de 2014

A PROPÓSITO DE AUSENCIAS

Aquí dejo mi ausencia
en nombre de los tantos tiempos de mis ojos
ando ya por lugares dejando horas de mi vida
como quien deja limosnas a quien no se las pide
que es de verdad como se deben dar.                               
Me he ido porque cansado de esperar
nada ha sucedido que sea suficiente para mi víscera
que peregrina como un hombre bajo el universo,
así que he dejado la ausencia allí mismo
me he despojado de ella
colgándola del viento para que de fe de mi.
Quizás ahora ande buscando mis palabras
pero yo podría expresarme equívocamente
e irme convirtiendo en un paisaje otro
pero es idioma que no entienden mis prójimos.
He dejado mi ausencia como compañía
y lo que dice se define por lo que es en sí misma.
Ya me voy desnudando de las demás cosas
innecesarias y absurdas que te pesan como rocas
como si fuesen credenciales que debes exhibir
como constancias ineludibles para demostrar que estás allí,
que eres uno más de la manada.
Pero así es.
No le debo a cada santo una vela,
es más, no compro velas.
Al día y en efectivo pago mis minutos
con esta carne que sostengo porque como dije,
estoy ausente
nada de lo que tengo tiene precio.
He dejado de ser un número
y por lo tanto no cuento.
Estoy ausente.


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viernes, 22 de agosto de 2014

YO HABLO DEL AMOR

Yo hablo del amor que te viene del cuerpo
de todo el cuerpo,
yo hablo del amor que te cubre todo
que tapa por ejemplo a una mujer como una ola
que se queda un segundo, le pega,
le deja constancia, huella,
y la traspasa más allá
desde el  agua que el horizonte puede ver.
Yo hablo de esa cosa misteriosa que abraza más allá de la luna
 y hasta donde los ojos alcanzan los pobres
con la cabeza arqueada hasta arriba
hasta que se te cae el universo por los agujeros de las corneas
y te preguntas simplemente
esa pregunta sin palabras que te pone a existir
si es que puedes escuchar el silencio.
Yo hablo del amor
como intuición para lo que fui hecho
y como niño que patalea viendo y queriendo
el juguete más querido en el escaparate.
Cómo es entonces que por error ando en estos caminos,
quién contribuyó a dibujarme esta historia involuntaria
y me aseguró que era la vida, la verdadera vida.
Voy caminando porque yo hablo del amor
resolviendo la ruta que me lleve de vuelta
a esa tierra que hay en algún lado
ese lugar prometido de alianza,
yo quiero simplemente entrar a la tierra prometida
no de cualquier modo
sino como un atleta con su máximo esfuerzo
viendo la faja para romperla para siempre,
sin mirar atrás.
Yo quiero una entrada gloriosa y aplaudida
por mis ancestros y los ancestros de mis ancestros,
y después llenarme hasta que más no pueda de absolutamente todo
eso  que algunos llaman alma.
Sentar carpa eternamente
y decirme que todo el viaje fue un mal sueño
salpicado de lucecitas de vez en cuando
siempre insuficientes que te tiene como cazador
en espera de que llegue ese momento agudizando los sentidos,
como desesperado para un segundo de disfrute
que te rompe los huesos brevemente
para devolverte a la tierra del olvido
o los recuerdos que pudieron quedar como resaca
arrugas nomás en algún lugar de lo que se llama corazón.
Yo hablo del amor,
no de la misma letanía que es parecida
y que se paga a precios diferentes
según el lugar del mundo que estés
tu espacio en el casillero social, tu identidad,
tu apartado de correo común o electrónico
cuánto watts alumbra la lamparita de tu cabeza
común o de bajo consumo
sin hablar del tiempo de uso y la garantía,
tus ropas, y más íntimamente, tus calzoncillos
chiquitos o largos de telas diferentes
o lo que sea que seas,
hombre o mujer y lo que uses -si usas-,
la fluidez de que dispones cuando te dicen
compra ya!
sé feliz, compra ya!
disfruta de esta locura
al menos un par de minutos
hasta que un día sepas que te timan
y que de veras eres un estúpido
o lo que es lo mismo un número manipulable
aunque quizás nunca lo sepas
y hasta tengas a mano o en el bolsillo
dos o tres discursos de autodefensa
para quedar bien parado,
habrase visto impertinencia tal
tener que escuchar gratuitamente estas cosas.
Yo hablo del amor
pero no sé bien que cosa es
y cuando empiezo a creer que sé
lo inefable me deja sin palabras
como por ejemplo ahora,
y tu
¿qué sale que valga la pena de tu boca?
¿de qué hablas?

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lunes, 18 de agosto de 2014

ESTA MUJER

Esta mujer de la que hablo no tiene cara de portada de revistas,
ella ha viajado mucho, mucho,
se le nota en la cara el mundo.
Ha viajado en un tren cargado de días
con calor, olor rancio de axilas y frío que te parte los huesos,
anduvo recorriendo vagones y vagones
mirando esos carteles que te dicen
cómo ser más joven y hermosa
si calculas unos doscientos artículos de belleza
todos a precios de ganga
puestos unos después de otros
a veces intercalados
yuxtapuestos
con una máscara arriba de otra
arriba de otra de tu cara.
Yo la conozco cuando tenía
arbustos juveniles y era primavera pero ella no lo sabía,
porque no era una flor encendida,
era una mujer con cara de mundo
de traqueteo que te deja el camino
el humo, el olor y las conversaciones agotadoras
de cualquier cosa por no estar en silencio.
Ha parado en muchas estaciones diferentes
que tienen distintos nombres y diferentes golpes,
que ya se confunden los nombres los sitios y los años.
Esta mujer de la que hablo conoce bien las estrellas
las nubes, la lluvia y la resaca en la ropa,
y es ese vacío en los ojos
que hace que avance por la calle paso a paso entre todos
con su cara de mundo
ahora que va pasando y se va
hacia alguna parte que siempre es la misma
que parece un paradero
pero es sólo el lugar donde sus pies se detienen.
No tuvo la suerte de los jazmines
ni siquiera la de las margaritas silvestres de campo.
Esa mujer no tiene pájaro que le cante
para avisarle que repose un rato sus huesos.
Esa mujer no tiene poemas de amor
ni sabe lo que es eso.
Tiene un pedazo de pan o algo y un banco en la plaza,
cualquier banco.
Saca algo de una bolsa y se ríe.
Debe ser alguna esperanza.
La noche la abraza y hace el resto.

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